Ian Salvatore Salvatore
Tras recibir una noticia importante, El Abuelo José comparte con su nieto una valiosa experiencia de su pasado. Vivir en grande es hacer grande la vida de los demás.
Resumen:
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"El café de Tere"
Dedicada a ti, amigo lector. A tu lucha personal con el Miedo.
Pronto escucharía la frase que marcaría el ritmo del siguiente capítulo de mi vida y aunque esta mañana me había vestido el alma con la mejor actitud, a medida que se acercaba el momento de enfrentarme a mi nueva realidad, los nervios aparecían como cometas orbitando sin control dentro de mi abdomen.
Ian Salvatore
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-Pasen adelante. -Saludó el Doctor Mendieta, con una delicada sonrisa en sus labios. Parece que tiene buenas noticias, pensé. Y respiré con calma. Nuestro mundo emocional es tan sensible que se agita o se serena con una palabra o un pensamiento. Esa sonrisa del Doctor me había llenado de esperanza. También sonreí. Una vez nos acomodamos frente a su escritorio pude ver al Doctor abriendo el sobre con los resultados de las pruebas que me habían realizado la semana pasada. La sonrisa del saludo había sido tan solo una cortesía. Revisé que los botones de mi camisa estuvieran bien cerrados para evitar la fuga de alguno de mis inquietos cometas.
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Un silencio largo e incómodo se apoderó del consultorio. Nervios, expectativa, anticipación. Mi corazón se aceleraba y un sudor frio humedecía mis manos. El Doctor leía mis resultados. Su mirada subía y bajaba a lo largo de ese documento lleno de números, gráficos e imágenes incomprensibles para mí. De pronto avanzaba algunas páginas y regresaba a la primera. Tenía el ceño fruncido.
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¿Concentración o preocupación? Pronto lo sabríamos. El tiempo se tornó dolorosamente lento, yo me agarré con fuerza de los brazos de mi silla como si estuviera cayendo por un acantilado. Su expresión era bastante seria. Comencé a preocuparme. La añorada frase de “Señor José, todo anda bien no tiene nada de qué preocuparse” que tantas veces me imaginé escuchando, se desvanecía frente a mí. Al final de unos pocos segundos que parecieron horas, el Doctor colocó los papeles encima de su escritorio, con cuidado los alineó con el libro de citas y el estuche de sus anteojos, levantó su mirada, aclaró su voz con una tos seca y se acomodó sus lentes. De nuevo unos momentos de silencio. Me sentía como en un concurso de televisión, cuando el presentador sostiene en su mano
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el resultado, y aunque ya sabe quién ha ganado, lo obligan a hacer una pausa y esperar mientras aumenta la expectativa y la emoción de los espectadores. -Bueno, lamentablemente…. El inesperado sonido de su teléfono interrumpió abruptamente esa primera frase que murió antes de haber sido enunciada completamente. Yo estaba tan concentrado escuchando cada una de sus palabras que del susto di un salto y casi me caigo de la silla.
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-Dígale que estaré allí tan pronto como pueda.-Respondió el Doctor, terminando la llamada y levantándose súbitamente para salir con prisa del consultorio. -Me disculpan, regreso en unos minutos. Tenemos una situación interna y un colega necesita de mi apoyo urgente. La palabra “lamentablemente” se quedó haciendo eco en mi interior. Un silencio incómodo se fue apoderando del lugar. Felipe, mi nieto mayor, quien hoy se había ofrecido a acompañarme a la clínica, parecía haber enmudecido, tan solo movió su mano derecha para agarrar con fuerza la mía. Podía sentir su pulso acelerado, agradecí ese gesto de dulce y silenciosa compañía.
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Por tener la experiencia que da la vida, sabía que algo debía decir para tranquilizar un poco al muchacho, sin embargo, apenas si lograba concentrarme yo mismo. Me sentía flotando en un espacio lleno de silencio y vacío. No, no era silencio, era un ruido mudo que me impedía razonar. Me sentía aturdido. Instintivamente mi cerebro comenzó a llenar el espacio en blanco de esa frase inconclusa, con diferentes posibilidades: “Lamentablemente la condición que usted tiene es desconocida para la medicina actual…. “lamentablemente una cirugía es inevitable.” “lamentablemente usted está en riesgo de...”
Mi cuello comenzó a ponerse rígido como riel de ferrocarril, mi mente disparaba ideas y pensamientos desordenados, cada nueva idea era un poco más grave que la anterior y generaba nuevas emociones, o quizás cada nueva emoción traía nuevas ideas… Huevo o gallina no importaba el orden, el miedo, se apresuraba a liderar el momento, como en otros muchos capítulos de mi vida, fue entonces que tomé la decisión de hacer mi mejor esfuerzo para detener esta espiral del miedo por la cual estaba descendiendo. Como de costumbre, no logré conseguir el anhelado control, pero tampoco le di rienda suelta al descontrol. Uno siente lo que siente, el mundo emocional es autónomo e independiente, no basta pensar que todo va a salir bien para calmar la inmensa ola del miedo que va a llegar inevitablemente a la costa de las entrañas; lo que se debe evitar, una vez inmerso en una situación difícil, es agitar de más ese mar de incertidumbre para no provocar un tsunami innecesario. Entonces recordé lo que me enseñó un día mi viejo amigo Simón, un psicólogo de mi ciudad natal. El método sonRIA: Respirar, Identificar y Actuar…bueno, aunque el término preciso era RIA, siempre me causó gracia llamarlo así. Además, una sonrisa, aunque saliera un poco forzada siempre trae algo de alivio. Comencé a ser consciente de mi Respiración, inhalando aire lenta y profundamente para aliviar un poco el estrés del cuerpo y tratar de sacudir esas ideas clavadas en las profundidades de mi ser. Enfocar la atención en los pulmones a veces sirve para que la idea que perturba pierda un poco su poder y protagonismo. Cuando me encontré por primera vez con el método RIA, me pareció tan obvio, que hasta pensé que me ayudaría a eliminar el miedo completamente. Eso nunca fue así, esta vida está llena de retos y miedos, pero definitivamente ha sido una herramienta de gran utilidad. Después de unos minutos de respiración profunda y pausada, se pasa a analizar con cuidado para Identificar la situación que origina el miedo. La amenaza o la fuente del miedo puede estar afuera o adentro, puede ser una situación real o irreal del presente o una posibilidad de algo futuro. A veces una misma situación nos puede generar diferentes miedos. No siempre es fácil ver con claridad lo que realmente está causando el miedo, a veces nos toma un tiempo largo encontrar la respuesta. Es muy probable que tu propio inconsciente ya lo sepa, pero no quiere enfrentar la verdadera fuente de tu angustia, porque, bueno…. Te causa miedo! Sin embargo, una vez lo identificas y lo llamas por su nombre, puedes hablar de él, puedes hablar con él, entonces ese monstruo que parecía invencible pierde un poco de tamaño y de fuerza, aunque sigue allí y todavía te asusta, ya no te paraliza. Casi siempre el miedo viene en compañía de su amada pareja, la Imaginación, los dos hacen un excelente trabajo, se apoyan y se fortalecen mutuamente, produciendo ideas que nos perturban y se nos adhieren como miel amarga. La tercera etapa del método te lleva a la Acción. Para cada persona y para cada miedo esto implicará acciones diferentes, es dar pasos pequeños y concretos para aceptar, convivir y entender el origen de ese miedo. Habrá miedos que podrás evitar, muchos los tendrás que enfrentar, algunos puede que desaparezcan, otros te acompañaran toda la vida…. Lo importante es que el miedo sea un compañero, no el capitán de tu barco. Observé en silencio a mi alrededor…. Por la ventana pude ver unas palomas volando despreocupadamente debajo de un cielo gris lleno de nubes. Luego dirigí la mirada adentro del recinto nuevamente. En la pared los diplomas del Doctor Mendieta, parecía que se peleaban entre sí por el poco espacio que había para acomodarlos a todos, al lado, la camilla de examinación vestida con una manta estéril sin arrugas… De pronto mis ojos, aunque estaban abiertos, se enfocaron nuevamente en mi realidad, sentí como si llegara de un viaje en el tiempo. El Doctor ya había regresado y escribía algo en su libreta de notas, mi mente estaba tan entretenida con mis pensamientos que no me di cuenta cuándo llegó de nuevo al consultorio. La mano de Felipe, ya no apretaba la mía, solo la dejó encima. Ese contacto silente me transmitía muchos mensajes. Profundos mensajes del alma. -Disculpen la interrupción, le decía que lamentablemente.... (Continua...) ********************************************** Para Comprar la versión digital Y seguir leyendo en su celular o computadora CLIC AQUI ********************************************** Para Comprar la versión tradicional en papel CLIC AQUI En MI BLOG encuentras reflexiones y mini historias de diversos temas como la siguiente:
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